Summary
El suelo jamás ha dejado de temblar y los sismógrafos no descansan. El 16 de octubre de 1999 un fenómeno de 7.1 puntos en la escala Richter creó una grieta de de 28 millas cerca de Palm Spring. Si el epicentro hubiese estado en Los Angeles los daños y pérdidas humanas hubiesen sido cuantiosos.
Como ejemplo de las consecuencias, en un temblor de 5.4 puntos ocurrido en junio pasado en Chino Hills, los servicios de telefonía e internet se bloquearon momentáneamente por llamadas de parientes y amigos. Sitios de internet cayeron por un lapso; se atrasó en una hora el servicio de trenes local e interrumpió el de radar terrestre del aeropuerto internacional de Los Ángeles. Tejas cayeron y tubos de agua reventaron; ascensores se detuvieron entre pisos. Hubo varios heridos, especialmente por empujarse para huir. Se aprendió bastante.El peligro es tangible y concreto y las soluciones no son fáciles. Para peor, el sur de California es una de las zonas urbanas más pobladas del mundo: uno puede viajar por horas sin que se acabe el paisaje urbano. Construir según los más estrictos códigos es caro, y más aún es reforzar los edificios existentes. Millones de residentes carecen de equipos de supervivencia. Y en la escala de prioridades del presupuesto estatal, los preparativos para el Big One no están a la cabeza. A pocos políticos les gusta difundir profecías apocalípticas.See the full content of this document
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Tierra de Temblores
Poco después de mudarme a mi casa en el Este de Los Angeles me dijeron que debía reforzarla para el caso de un terremoto. Esa mole construida en 1927 está asentada en estacas de madera que se deslizarían con el tem...
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